martes, 3 de mayo de 2011

Somos viento.

“Los poetas somos viento del pueblo…” Miguel Hernández.

Alguien habrá dicho
que somos viento
un soplo fugaz y evanescente

una transitoria palabra de arena
o ese nombre que quiso esculpir un hombre
en la piedra que el agua incesante golpea

más un instante hermoso, es hermoso
el momento sublime, sublime
y eterna la lengua y el amor

la estrella que te alumbra
es una chispa que perdura
-de fuegos nuestras venas-

barquitos de madera
de papel las velas
sobre el agua persevera

los hombres se pierden en su estela
el agua se mueve
y agita por siglos las mareas

lunes, 25 de abril de 2011

Ignorancia.

“Enciende tu juego”
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No sé cuál es la chispa
que enciende mi poesía

dos palabras
dos palitos secos

y ese instante
en que se prenden fuego

entre llamas y cenizas
después que sueño

ignoro dónde esta
la combustión de la esperanza

dónde arden las pasiones
dónde crepitan los deseos

no me consta que sea humo
aquellas cosas que invento

¿por qué aparece el rubor
cuando anuncian mis versos?

el tren con su clásico silbato me despierta
me deja con un fósforo en la estación –noche de invierno-

los papeles alumbran mis pasos
mientras me queman los verbos

sábado, 16 de abril de 2011

Mar III.

Las sogas se quejan en los amarres
de mis barcos indecisos

¿cómo son los ojos del mar
cuando los miro?

el retorno es un libro ya leído
que vuelve a un nuevo destino

siento tus momentos cálidos y fríos
los ingrávidos pesos de mi cuerpo distendido

los azules iguales al blanco de mi hoja
el margen transparente - lo que veo de mi costa -

también se andar por tus aguas ondulantes e intranquilas
cuando no gobierno mis entrañas y flotan los enojos de un naufragio

soy un hombre lento en tus orillas
sin nombre, solitario - que habla con su amigo –

y en el atardecer
él ríe y llora, conmigo

martes, 5 de abril de 2011

Mar II

El sube y baja en sus asombros,
no existe quietud en su constante,
el péndulo de sus días
también alberga sus secretos.

Abierto e insondable
de murmullos eternos,
escrito en mis verdes
turquesas o azules.

sábado, 2 de abril de 2011

La playa de los barriletes.

, el agua se lleva los nombres y los títulos,
las sales dejan en blanco los renglones,
la arena desaloja recipientes de tiempo,
y todo se mueve en la quietud de la mirada

, hay un celeste inalcanzable a nuestra altura,
el sol seca los húmedos desabrigos,
el mundo deambula por sus lados,
y algunos pasean a la orilla de los caminos

, las mareas llevan y traen
hasta el borde de los pies del peregrino,
las velas se hinchan
de fuerzas invisibles

, la luna juega en sus fases,
la conciencia reposa de los ruidos,
la espuma y sus burbujas
viven el irrepetible instante de sus brillos

, hay formas de humo ceniciento
que se esfuman en sus lienzos,
no hay pájaros perdidos
que murmuren sus olvidos

, los barcos se mecen
sin destinos,
y las rocas se quejan
de su inquebrantable desafío

domingo, 13 de marzo de 2011

mIxTuRa.

Se entremezclan,
se apiñan, se arraciman
se juntan en una conferencia

se unen,
se amalgaman, se aglomeran,
abandonan la prudencia

gesticulan
se hacen señas, se contradicen
entre la sumisión y rebeldía

juegan,
saltan, se diferencian,
se acuerdan y se olvidan

sienten sabores y manos frías,
la sangre que fluye y bombea,
los aumentos y pérdidas de energía

alternan los colores de sus caras,
la forma de sus labios,
los ojos brillantes, dormidos o chispeantes

se asombran de su mejunje,
de los techos y los umbrales,
de abandonos e intercambios

naipes que se rozan
intercalan y se tocan, haciendo escaleras
con nuevas tolerancias y viejas intransigencias

se amontonan: las oscuras,
las puras e intermedias,
y el dilema de la inconclusas

conviven en un conventillo,
nativas y extranjeras,
rurales y urbanas

en esa mezcolanza,
la murga de los claroscuros,
el carnaval de sus máscaras

se agrupan, se amontonan, se almacenan,
se perciben, se leen, se escriben
se superponen y se apilan en mil hojas

domingo, 6 de marzo de 2011

Homo ludens.

El niño juega con una serenidad perfecta
Johan Huizinga.

Algunos hombres andaban por los sesenta,
- uno - entre ellos
ya no podía empezar un truco con un dos,
ni sostener la mentira del envido ,
-de pronto- decidió cambiar las cartas,
de toda su baraja no se quedo con ningún naipe conocido,
libre al asombro, a una suerte de aventura:
sintió jugar con todo -igual a un renovado niño-
quiso inventar otro juego
y dar de nuevo.