“Se
dice que en una de las lenguas habladas por los indígenas de américa del sur,
tal vez en la amazonia, existen más de veinte expresiones, unas veintisiete,
creo recordar, para designar el color verde. Comparado con la pobreza de
nuestro vocabulario en esta materia, parecería que sería fácil para ellos
describir los bosques en que viven…” José Saramago. El viaje del elefante, Pag.
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Creo que hay una relación difícil de
comprobar y casi invisible a nuestro
saber y entender, entre las emociones y los colores. Como bien dice
Saramago “no es posible describir un paisaje con palabras”, cierta similitud
encuentro en el arco iris de las emociones, los tonos y matices son tan variados
y sutiles que las descripciones que hacemos de ellas son siempre aproximadas e
incompletas.
Admiro a los pintores que superan a la
naturaleza en ese sentido, reconozco en la escritura esos límites. En la paleta
de mis días siento esa dificultad, que a su vez es un hermoso desafío, poner en
palabras lo que uno siente es un compromiso que abarca todos los días, esta
semana descubrí en el color blanco algo
más de seis matices.
Uno reconoce las emociones puras, la
alquimia de algunas que se combinan, y a pesar de mis años algunas de ellas son
de formas desconocidas. Tal vez por ello, la escritura es eterna…