dos
soledades
comparten
sus palabras
calladamente
cada uno
amará
sintiendo su
manera
dos
soledades
comparten
sus palabras
calladamente
cada uno
amará
sintiendo su
manera
Tomé un café conmigo mismo
mañana
contemplativa de un día de semana
después
compré dos libros en un negocio vecino
“Novela de
ajedrez” de Stefan Zweig
“El hombre
invisible” de H.G. Wells
quedo
pendiente “La clase de Griego” de Han Kang
y “Los
ingenieros del caos” de Giuliano Da Emopoli
volví
caminando con ese paquete bajo el brazo
y me sentí
acompañado
El lenguaje
va por donde quiere y yo que creo ser su gobernante soy su gobernado.
Lo que
escribo es un viento que pasa debajo de los umbrales de esa puerta invisible de
mi mente. La danza de mis neuronas me dicta
palabras inventadas.
Los versos
abandonan el plano de la hoja y se transforman en vivientes esculturas de
tridimensionales proporciones, más grandes que yo proyectan sus sombras y dicen
otras cosas y más.
Entre los
renglones hay frases invisibles.
Sólo la
neblina de mis duermevelas parecen más creíbles que los huecos de mis memorias.
Tal vez los
gestos digan más cosas, tal vez el teatro de mis manos y su escenario sea el
sabio de mis letras, quizás mi caligrafía, la marca irrepetible la voz propia.
Por eso
siempre escribo, porque escribir es develar lo que hay debajo de mis ropas, en el vasto territorio de la piel.
He perdido
el pudor a los desnudos. Yo encuentro en las letras mis cosas importantes,
escribo a mis anchas fuera de otras escrituras o a la par de ellas, deambulo,
juego, me libero, me olvido, me reinvento.
Vuelvo a esa
intrépida aventura sin saber el comienzo y el final del cuento.
El cuerpo de
la palabra tiene voces silenciosas, camino por los márgenes blancos, fuera de
los renglones, también en los incómodos lugares.
Describo,
reescribo o acaso me leo. Del claro enunciado me sumerjo en las profundidades
de la enunciación.
a veces mi madre
aparece
entre mis letras
así recuerdo
cuando
tejía sus
relaciones
amasaba sus
afectos
cocinaba sus
dulces amores
a veces mi
padre
aparece en
mis escritos
en el lapsus
de una letra que lo nombra
así elijo su
recuerdo entre otros
cuando me
enseñaba a pilotear un camión
disipando el
humo de sus cigarros, aquel cuento
a veces en
la alquimia de sus genes
en las rectas
y curvas de aquel mapa familiar
en los
ladrillos reciclados de esa casa
de sus arrojos,
cobardías y soledades
recuerdo y rescato
los cimientos de los años
los andamios
que me han dado para mi propia casa
A mi Familia.
A la escucha de los
Amigos y Amigas.
A Cristina Serra, Alicia
Belletti, Eli Politi y Mario Marquet.
A Graciela Raffo
A las cinco
de la mañana
me llega un
telegrama del inconsciente
en
duermevela lo leo:
Con los
fósforos de mis huesos
hice una
gran hoguera
en el verano
de mi natalicio
con aquellas
luces, con esos fuegos
iluminé mi
cercanía
y en ese
instante encontré mis cosas perdidas
“Debemos atrevernos a mirar la
soledad a los ojos, después de todo,
lo único, que hay allí, somos
nosotros mismos.” Gabriel Rolón.
Soledad I
Una demanda
exagerada a veces surge de una gran necesidad, frecuentemente el reclamo es imposible
de satisfacer.
Soledad II
Crea en tu
universo un diálogo interior, pinta, escribe, canta, ama…
Soledad III
La soledad
acompañada son dos soledades que dialogan y respetan sus silencios.
Soledad IV
La hoja en
blanco extraña tu palabra.
Soledad V
Hay muchas
clases de soledad
la soledad
del que encuentra su voz propia
la soledad
compartida de dos amantes
la soledad
del exiliado
la soledad
del extranjero
la soledad
del artista
la soledad
elegida o forzada del ermitaño
la soledad
del diferente
la soledad
elegida